Se me derrite en la mano, cada vez que intento abrir alguna puerta

lunes, 25 de abril de 2005

Defunción

Llegan las dos de mi ciudad y puntual como uno suizo, mi reloj de inspiración da campanadas. Suelo confundir la inspiración con las ganas de dormir... pero es justo en este momento de soledad cuando me apetece contar lo más sincero o lo más irreal. Es esta hora en la que todo se para y el silencio logra que las palabras que a otra hora carecerían de él, cobren sentido.
Bienvenidos a la comedia del sinsentido donde las butacas son de arena, el escenario de cristal y los actores de madera. Ya no vuelan las imágenes de tantos recuerdos, de tantos momentos, sino se hunden el el foso donde la orquesta de sordos afina su pieza. Todo comienza por el final y es el final a donde llega, carente de ritmo de sentido y de placer. Vamos a contar mentiras, vamos a bajar del cielo y revolcarnos en las cuchillas del césped del infierno a ver si duele de verdad lo que ya no siento. Lo que vagamente me asalta y me roba el sentido se esfuma a la vez que se hace más presente en el pasado, que ya ves, pasado está. ¿Qué nos depara el futuro de esta comedia que a la mitad se vuelve tragedia, por la que comenzó, pues como dije comienzo por el final pues es este el que ahora es presente?. Las lágrimas inundaron el patio de butacas y los espectadores se hundieron en esa arena que se convirtió en movediza. Los actores de madera, desgraciadamente no llegaron a ser pinochos y el cristal del escenario estalló en pedazos cuando la cuarta pared fue volada por los aires tristes de esta función. De esta defunción.Saludamos y nos vamos a dormir como cada noche, sólo que un poco más tristes de tanta pasión muerta.

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