Se me derrite en la mano, cada vez que intento abrir alguna puerta

lunes, 11 de abril de 2005

Divertigo

Corriendo tras el tren, logré pillarlo a tiempo.
No sé muy bien cómo pero lo pillé.
Todavía ando por el vagón de equipaje, el último de todos pero estoy.
Sucede que ahora miro por la ventanilla y todo pasa muy rápido,
no me es posible ver el paisaje, disfrutar del viaje,
sin embargo, creo que me gusta a dónde me dirijo.
No tengo vértigo del destino pero sí de la velocidad que coje el tren.
Al fin y al cabo cuando corría tras él era yo quien marcaba la velocidad y una vez dentro estoy en continuo movimiento pero soy llevado por otra fuerza superior a mí.
No quiero saltar del tren. Repito, me gusta mi destino...
pero "woah" le pediría al conductor que fuera más despacito porque
al fin y al cabo, si mal no recuerdo ¿no era el viaje lo que tiene sentido?

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