Se me derrite en la mano, cada vez que intento abrir alguna puerta

viernes, 30 de septiembre de 2005

fundas de almohada (12)

Hacía meses que no conseguía volar en sueños.
Aquella noche algo desesperado, forró por dentro sus fundas de almohada y les incorporó una bombona naranja de esas pequeñas que se usan en los camping.
Cuidadosamente, ató las fundas a cada una de las patas de su cama, encendió las bombonas y se acostó.
No pasó ni un momento y la cama comenzó a elevarse. Mientras, él procuraba conciliar el sueño. La cama se elevó hasta el techo de su casa donde las fundas convertidas en globos ejercieron tanta presión que destrozaron el techo, luego el del piso de los vecinos de arriba que miraban atónitos a la vez que se quejaban del desastre que causaba (afortunadamente vivía en el 5 piso de un edificio de 6 plantas).
Siguió elevándose y elevándose y hasta pasó algún que otro avión, a los que saludó desde sus sueños.
Algo más arriba, se encontró a Aladino que viajaba rápidamente en dirección a tierras cálidas que no estuvieran en guerra, a Peter Pan que regresaba algo envejecido de su nunca jamás (le comentó que desde lo de Michael Jackson estaba planteándose cambiar el nombre a aquella tierra mágica), a Superman compulgido por no haber podido hacer nada aquel 11 s o al menos eso le pareció escuchar en la conversación que mantenía con Superratón. Atravesó nubes y más nubes. Llegó incluso allá donde estas ya no llegan y encontró a Fúyur, algo agotado de huir de algunos aviones de guerra empeñados en cargarse al último dragón blanco. Cuando fue a preguntarle por atreyu y por la emperatriz infantil, ya había desaparecido, no sin antes dejarle una de sus blancas plumas pues al fin y al cabo seguía siendo un dragón de la suerte.
Siguió durmiendo, soñando y subiendo...
(To be continued...)

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