Se me derrite en la mano, cada vez que intento abrir alguna puerta

miércoles, 23 de noviembre de 2005

Hacía tiempo...

Hacía tiempo que no me paraba a observar la naturaleza, o que la naturaleza no se paraba a saludarme a mí.
Aquella tarde al doblar la esquina fui recibido con una lluvia de hojas de otoño que, entre cuidados rayos de luz, saludaban al pasar.
No pude sino devolver el saludo con una sonrisa de complicidad.

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