Se me derrite en la mano, cada vez que intento abrir alguna puerta

sábado, 3 de diciembre de 2005

A observar y escribir...(hacia la luz)

Todo el mundo se tiraba de la cabeza, yo agradecía encontrarme entre semana con amigos a luz de velas, jugando una partida de cartas, de ajedrez o simplemente hablando y bebiendo. Intenté convercerles de iniciar una de esas eternas partidas de Risk, pero no llegó a comenzar. Es cierto también que echaba de menos sentarme mis horas en el ordenador, que no tenía donde cargar su batería ni la del dichoso móvil. Ni si quiera funcionaba el teléfono fijo y la radio retomaba por unos días su reinado como medio de información y comunicación. Los congeladores llenos de comida que habría que tirar, los comercios histéricos aunque el segundo día ya hacían sus facturas a mano a luz de linterna, el corte inglés haciendo "servicio público" desde su generador, repartiendo números para que la gente que tiene vitrocerámica pudiera comprarse un camping gas. Otros dependían también de la electricidad para tener agua caliente y acudían a casas de familiares con menos recursos que aún disponían de bombona de gas, para calentar su agua. Algunos exaltados aprovechaban la oscuridad para salir con bates de beisbol y furgonetas a asaltar lo que pudiesen, a las pocas horas fueron detenidos por la eficaz policía, que venía a protegernos de todo mal oscuro y gris. Tampoco los semáforos funcionaban y los agentes de la ley cumplían eficazmente con el desvio del tráfico aunque curiosamente en la oscuridad la mayoría de los conductores se mostraron más amables y civilizados que bajo la luz.
Se acaban las velas en la ciudad y hay que viajar lejos a comprar estas y pilas que en los pocos sitios donde las venden estaban a un precio "económico" (de 8€ en adelante) para colaborar con los que no tienen.
¡Cómo dependemos de la electricidad!
Edison, a quien tanto admiré de joven, estaría orgulloso.

P.D: ¡Quien me va a pagar los alimentos del congelador o los de la nevera! ¡Queremos luz, queremos luz!... Aún los hay quienes siguen sin tenerla...
pero lo más grave, lo más triste de todo es que existe gente que depende sólamente de su cosecha, de un trabajo de más de 6 meses, de sus plátanos o tomates y sus invernaderos que han sido arrasados por un viento cruel y que aunque les devuelvan un dinero, tema que está por ver, tendrán que arreglar su lugar de trabajo con sus propias manos.

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