Se me derrite en la mano, cada vez que intento abrir alguna puerta

domingo, 10 de diciembre de 2006

Que se pare el mundo que yo me voy

Llevo unos días sin escribir. Estaba de viaje en México.
Un viaje, como tantos otros inolvidable por los amigos que me acompañaban.
Sin embargo este viaje tuvo más cosas de especial, por primera vez visitaba américa latina.
Hasta ahora, desde que soy pequeño e viajado y viajado y todas las culturas se me parecían, he estado en lugares de Europa y Norte américa y todo de alguna manera o de otra era similar.
Puebla es una ciudad a no más de dos horas de DF, y es mi primera experiencia en centro-américa un pequeño esbozo de lo que puede ser américa latina o sudamérica.
El calor de la gente, su mirada su cultura diferente sus casas y sus lugares resultan curiosas a la vista de un extranjero.
Y a la vez, la arquitectura es similar, si no igual, a la arquitectura colonial que mantenemos en Canarias, aunque con otros colores.
Y es esa una de las cosas que más me llamaba la atención, los colores, los gustos por los colores chillones por la luz, por potenciar la luminosidad de sus escenarios de sus personas y sus cosas.
Me encantó.
De alguna manera me gustaría irme a Leroy Merlin o al rastro de la pintura y comprar kilos y kilos de verde chillón, rojo teja y amarillo limón y quitarle esa sobriedad friolera que tiene La Laguna, donde cuando se atreven a ponerle un punto de color a las paredes lo hacen en tonos pastel.
En fin... dejaré por aquí algunas fotitos de ese otro mundo que tan lejos y tan cerca está.

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