Se me derrite en la mano, cada vez que intento abrir alguna puerta

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Hoy escribo desde Barcelona, desde una cafetería de Cornellá a donde vengo a ver payasos.
Se me hace raro escribir aquí sabiendo que no publicaré esto hasta dentro de un tiempo pero a la vez, me apetece esconderme un poquito.
Aquí estamos levantando cabeza poco a poco, con tristeza en el fondo pero alegrándo el resto, lo que todavía se permite ser alegrado. Del corazón, lo que está muerto está muerto, con el tiempo espero que resucite, pero tampoco voy a pararme a intentar resucitar ahora lo que no tiene capacidad de recuperación.

1 comentario:

manu dijo...

uno no puede pensar en correr...si todavia camino rengo.