Se me derrite en la mano, cada vez que intento abrir alguna puerta

miércoles, 6 de mayo de 2009

Enamorado de la vida

Estoy enamorado de la vida, enamorado del amor y de la fuerza de la naturaleza, de su belleza en cada rincón en lo codidiano y en lo no cotidiano en lo más terrible y en lo más maravilloso.

Me gusta la vida, poder disfrutar de tener la suerte de vivir, con sus menos pero sobretodo con sus más. Me niego a ponerme corazas para protegerme de algo que no me ha pasado.

Todos las construimos, algunos sin querer, algunos adrede pero esas a veces densas capas de gelatina o de acero inoxidable nos pudren por dentro y nos encorsetan. Esos antibióticos arrasan con todos los sentimientos para vivir anestesiados. Me niego. Quiero volver a lanzarme porque es mi manera de vivir, con mayúsculas, sin redes que hagan de mi trapecio una ilusión segura, porque sin redes la sensación es más intensa, más pura, más vital.

Tengo que abrir los ojos, poner mirada de turista a cada paso, esa que se queda con todos los detalles de la novedad, para el que nada es cotidiano y todo está por descubrir.

Tras la caída sin red, cuesta más, pero ahora... que alguien me diga que vuela más alto que yo que lo reto. Llegué a la luna por mi propio impulso y con una gravedad bastante densa, me adjudico todo el mérito y toda la culpa. De ahí, caí a un casi agujero negro, pero ando reparando mis habilidades perfeccionándolas en la medida de lo posible para llegar a la luna otra vez bajarme los pantalones y hacerle un calvo a la tierra. De luna de miel a otra galaxia.
Hay mucha criptonita, pero este camino es adictivo y cuanto más puro mejor.

Adiós terrícolas que a mí y a mi capa nos quedan pocos parches que remendar.

2 comentarios:

K. dijo...

jejeje
Ese calvo quiero verlo yo

K. dijo...

la verdad... es que solo te falta la flauta ;)
Por aquí me dio por andar hoy... encontrándote. tq